
El concepto de justicia tiene su origen en el término latino “iustitia” y permite denominar la virtud cardinal que supone la inclinación a otorgar a cada uno aquello que le pertenece o concierne.
Este suele ser mi rincón literario, mi espacio para la poesía o la prosa con vuelo. Mi intento de huida del mundo real a mi pequeño universo de escritos y rimas. Pero también mi lugar de catarsis cuando el plano cotidiano se impone con crudeza.
Cadena perpetua dictó el veredicto. En un fallo ejemplar, cinco de los ocho imputados por el asalto en el que una mujer embarazada fue baleada tres años atrás, recibieron la pena máxima. El caso, que desencadenó en la posterior muerte del bebé por nacer, conmovió a la opinión pública en extremo y obligó, incluso, a modificar las normas de seguridad bancarias. Cadena perpetua dictó el veredicto. Y la sociedad “celebra” que se haya hecho justicia.
¿Se hizo justicia? Si tenemos en cuenta el tenor de la tragedia, sin dudas, las respuesta es: definitivamente sí. Pero aquí la pregunta que pocos se hacen. Aquí la pregunta que me duele hacerme. ¿Adónde empieza la verdadera tragedia? ¿En los disparos que truncaron una vida que apenas comenzaba? ¿En la violencia que, sin reparo alguno, movió a los hoy condenados a cometer tremenda barbarie? ¿O comenzó mucho antes? Quizás la tragedia, la verdadera tragedia se gestó desde la cuna donde estos individuos nacieron. No me atrevo a aseverar qué los llevó a ser quienes son, mucho menos a generalizar. Pero ¿no es acaso una tragedia constante la gran desigualdad de oportunidades que algunos seres humanos sufren desde su minuto cero? ¿No es su falta de recursos para desarrollarse dignamente una tragedia en sí misma? ¿No suena casi incoherente pretender que valoren la vida ajena algunos seres cuyas vidas propias son un compilado de abandono y desidia? Sería imprudente de mi parte asegurar que lo que convirtió a los asesinos en tales fue, precisamente, su historia. Pero me permito, al menos, preguntarme si no se debería haber hecho justicia mucho antes para que no tenga que hacerse ahora, con las cartas jugadas y de la manera más cruel. “La oportunidad de otorgar a cada uno lo que le pertenece y concierne” reza la definición. Quizás, tan solo quizás, si ellos hubieran tenido aquello que les pertenece y concierne por naturaleza humana, otro hubiera sido el cuento. Y otro el desenlace.
Cadena perpetua dictó la justicia. Cuando hay tantos seres condenados de manera perpetua a la exclusión y al olvido; cuando celebramos la condena sobre los victimarios sin preguntarnos si también son víctimas; cuando el titular de tapa de una tragedia con rating nos esconde la letra chica de tantas otras tragedias, yo me atrevo a preguntarme: ¿se habrá hecho justicia?
“No tiene sentido decir que los hombres son iguales ante la ley, cuando es la ley mantenedora de su desigualdad.” ( Ramiro de Maetzu )