viernes, 19 de octubre de 2012
LIBRE DEUDA (A mi madre)
Las estrías que dibujaron para siempre tu vientre a cambio de cobijarme nueve maravillosas lunas en él. Tu dolor de parto. Un puñado importante de horas de tu sueño convertidas en vigilia de mi dormir. La turgencia de tus senos jóvenes en pos de mi salud temprana. Las caricias que supieron protegerme de todo a partir de mi primer contacto con el mundo fuera de vos. Las impecables tablas de mi delantal y mis trenzas perfectas, verdadera obra de arte que repetiste sin cansancio a lo largo de mis años escolares. La magia de gambetear tu duro presupuesto para que la mesa estuviera siempre dignamente servida. Los vestidos que robabas al figurín de modas y tu propio desafío de que lucieran idénticos en mí, aunque coserlos te impusiera largas noches de desvelo. Las fiestas de cumpleaños que disfruté a pleno sin saber, hasta muchos años más tarde, cuanto sacrificio implicaban. Todas las zapatillas que estrené a costas de los zapatos que nunca te compraste. El cafecito infaltable durante mis horas de estudio. Los estudios que resignaste por elegirme. Las sonrisas que dibujaste cada vez que la vida te golpeó duro para hacerme creer durante mi infancia que las mamás no lloraban. Tus nuevos desvelos cuando me sentí mayor y salí a devorarme noches a pesar de tus miedos (hoy me repito en tus temores, esperando despierta a que mi hijo vuelva de devorar las suyas). Los “te quiero” que nunca te enseñaron a decir pero que traducís en gestos de esos que valen más que muchas palabras. Tu compañía incondicional. Tu apoyo eterno. Tus reproches y tus enseñanzas. El ejemplo más genuino de entereza y dignidad ante las adversidades. Tu licenciatura de madre y tu posgrado de abuela con todos los honores. El descubrirme orgullosa en esa parte de vos que se dividió para dejarme ser.
No hay modo de saldar la deuda mamá. Te debo la vida. Aún cuando me siga peleando con “tu yo que hay en mí”, en mis ratos de terapia. Y a pesar de que las distancias se acortaron y hoy casi somos pares, sigo necesitando a diario mi ratito de sentirme hija. Tanto, que hasta extraño aquellas trenzas…
Sirva este invento comercial de octubre para el TE AMO que yo sí aprendí a poner en palabras. Y este escrito como intento de pagaré por tanto.
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Muy linda reflexión, muy linda.
ResponderEliminarQue hermoso lo que escribiste Adri, te felicito, tu mamá debe sentirse orgullosa de tener los hijos que tiene!!! gracias por estar siempre y sonreir aunque muchas veces cueste. Un abrazo y Feliz día de la Madre!!!
ResponderEliminarTe voy a matar... me hiciste lagrimear!!!!
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