domingo, 3 de junio de 2012
NOS TOCABA CRECER ¡Y CRECIMOS!
Tal vez porque nuestra chalina azul y nuestra pollera, larga por obligación, no estén tan arrugadas todavía. O porque el agudo timbre del recreo tiene el mismo sonido a libertad de aquellos años. O porque cada rincón de nuestra escuela-rancho, devenida hoy en moderna estructura edilicia, guarde en sus cimientos todos nuestros secretos adolescentes.
Quizás porque a nuestras risas no les afectó la celulitis, ni las arrugas, ni los dolores; siguen teniendo, cuando suenan a coro, la misma frescura de nuestros diecisiete. O porque la Pacha, la Turano o Pivato no cumplan años en nuestro recuerdo, venciendo toda ley del paso de los años. O porque ningún níspero que hayamos vuelto a comer superó el sabor de aquellos robados al árbol del cole.
Por supuesto ya no somos las que fuimos. Sumamos décadas, construimos familias, parimos hijos, profesiones, éxitos y fracasos. Superamos decepciones. Tocamos, en ocasiones, el cielo con las manos y el fondo del pozo otras tantas veces. Nos caímos y levantamos más de lo que creímos poder. Besamos demasiados sapos esperando que se conviertan en príncipes. Llenamos nuestros álbumes de fotos. Perdimos pilares en el camino, a los que resguardamos en retratos y en el alma. Resumiendo: ¡CRECIMOS!
Y aprendimos que ganar el mango no es fácil, pero que el dinero es lo último que nos hace ricas. Que nuestros viejos se vuelven más sabios en el preciso instante en que nos volvemos más idiotas para nuestros hijos. Que las asignaturas pendientes empiezan a doler más que las canas y que el tiempo apura cuando una se acerca a los cuarenta. Aprendimos también que nada es para siempre. Que las perdices de los finales de cuentos eran solo eso, puro cuento. Que, como en los grupos de autoayuda, todo es SOLO POR HOY y día a día y que depende pura y exclusivamente de nosotras. Que los afectos que creímos inmortales, se nos mueren aunque los necesitemos más que nunca. Que nuestros hijos, esos que se llevaron la turgencia de nuestros pechos, nuestras mejores horas de sueños y tantos de nuestros minutos, crecen y se nos alejan. Simplemente porque así debe ser y porque así queremos que sea. Que nuestros hombres, a quienes regalamos y de quienes recibimos promesas de amor eterno, pueden levantarse un día y no elegirnos, o ser nosotras quienes no los elijamos…
Es aquí, en esta mitad de camino, en donde tanto nos parecemos a aquellas que fuimos… tan indefensas de a ratos y tan valientes siempre que haga falta. Tan sensibles y tan fuertes según la ocasión. ¡Tan necesitadas de ese abrazo que solo las amigas del alma pueden regalarnos!
Como verán, mi sueño de artista no murió. Tal vez fue mutando con el paso del tiempo. Las tablas que alguna vez imaginé pisar fueron reemplazadas por mi sillón preferido y los acordes de mi hijo en su guitarra. Los aplausos entonces me los regalan aquellos amigos a quiénes aturdimos. Ningún otro escenario me habría llenado tanto el alma, ¡se los aseguro!
Y aquel best seller que pretendí escribir, se redujo a estas líneas que me permiten desahogar tantas emociones cada vez que urge. Hoy son para ustedes. Hoy tenían que ser para ustedes. Las mejores lectoras que pueda elegir. Las que me conocen casi como yo misma aún cuando pasemos años sin vernos. Las que tatuaron por siempre en mi mente y en mi corazón recuerdos de esos que te sostienen aún cuando no hay de donde agarrarse. Las que permiten que aquel 5to Mercantil, promoción 1986 se haya suspendido en el tiempo y conserve intacta nuestra esencia de niñas…
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APLAUSOS!!!!!!
ResponderEliminar¡Gracias! En especial, por leerme...
ResponderEliminarPor nada... es un placer!!!
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